miércoles 16 de enero de 2008

Ultimo chsite de Chavez

¿Sanmartinianos o bolivarianos?

El presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela
acaba de informarnos que las FARC y el ELN no son
terroristas sino insurgentes. Veamos por partes. Para
la Real Academia y la lógica generalizada, insurgente
es el que se alza contra una autoridad y terrorista es
aquél que procura imponerse generando terror.


La afirmación de Chávez no parece feliz: a uno se los
califica por sus fines, cambiar un orden establecido,
y al otro por sus medios: usar el terror. Por lo
tanto, no resultan incompatibles: se puede tener como
fin el cambiar un sistema institucional y, al mismo
tiempo, valerse para ese fin de medios basados en el
terror. No son excluyentes.
En Argentina, vimos con esperanza al canciller Taiana
anunciando que éste sería el principio de más
liberaciones, de un proceso de aplicación, sin
condiciones, del más puro derecho humanitario.
Pero apenas un día después, el 11 de enero, las
palabras de Chávez pusieron las cosas en otra
perspectiva. Estas dos liberaciones no eran a cambio
de nada: "les pido que comencemos reconociendo a las
FARC y al ELN como fuerzas insurgentes de Colombia y
no como grupos terroristas.”
Y ese es el meollo del asunto: cabe preguntarse si se
las liberó no por razones humanitarias sino por un
negocio político. Toma y daca, libertades por
reconocimiento. Si no media reconocimiento quizá no
sobrevengan liberaciones masivas, excepto las de
Betancourt y unas pocas privilegiadas más, solo a
causa de la presión europea. En tal caso, estaría por
verse que liberen a los más de setecientos
secuestrados. Al menos a las mujeres y niños.
Nuestra cultura impone límites morales a la acción
política. Uno de ellos, es que el fin no justifica los
medios. Al reclamar legitimación para los
secuestradores, Chávez nos pide que propinemos un
olvido fatal a nuestros principios.
Desde Francisco de Vitoria en adelante, la violencia
política se justifica cuando media una tiranía ¿Contra
cuál tiranía se levantan las FARC? Colombia no carece
de injusticias sociales. Pero no se dan de una manera
peor que en el resto de América Latina y allí
funciona, desde hace años, una democracia comparable a
cualquiera de la región. A nadie se le prohíbe
ingresar en la lucha política y procurar sus objetivos
a través del voto de sus conciudadanos, pero la FARC
se ha negado a hacerlo en reiteradas oportunidades.
¿Y qué son las FARC? La última organización
político-militar de América Latina de origen marxista,
que se financia con drogas y se propone terminar con
la vigencia constitucional en Colombia
–sustancialmente idéntica a la de todos nosotros- e
instaurar un sistema de producción socialista en
nombre de la dictadura del proletariado y bajo la
conducción, claro está, de una minoría debidamente
iluminada.
Todo esto en pleno siglo XXI, cuando hasta Rusia y
China han abandonado ese camino y en él solo
sobreviven penosamente Corea del Norte, Cuba y
Belarús. Solo la sedicente revolución bolivariana
podría convertirse en el cuarto de los ejemplos, pero
el accionar de Chávez es tan rocambolesco, que para
clasificarlo a menudo resultan menos útiles las
categorías de Raymond Aron que las de Alberto
Vaccarezza.
Nuestra región se debate entre dos modelos
incompatibles. El del Mercosur, Brasil, Uruguay y
Paraguay, el de Chile, Perú, y Colombia. O el de
Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega.
Hasta ahora, todos hemos conformado lo que se denomina
un subsistema internacional dentro del cual mantenemos
relaciones diplomáticas con pleno reconocimiento de la
soberanía de cada uno de los otros estados.
Pero el jueves pasado el presidente de Venezuela
declaró, con el aplauso de pie de su entera asamblea
legislativa, que las FARC no solo son legítimas sino
que, además, integran el mismísimo movimiento
bolivariano. Se trata de una definición
importantísima, toda vez que convoca a apoyar a una
facción interna de un país que no es el suyo, violando
toda interpretación posible del derecho a la no
injerencia que todos nuestros estados reconocen y la
OEA y la ONU contienen en sus cartas constitutivas
como elementos esenciales de su propia existencia.
El actual gobierno argentino, como todos sus
antecesores constitucionales, también ha jurado a los
cuatro vientos que se trata de un principio
inviolable. ¿Qué va a decir ahora? Prestemos atención,
porque lo va a decir en nombre de todos los
argentinos.
Con este gobierno y con los que le sigan, Argentina va
a tener que optar. Pronunciamientos como éste que
estamos esperando son los que desnudan la índole de
los regímenes que gobiernan a nuestros países: el
derecho a la no ingerencia, como los derechos humanos
¿Están por encima de las simpatías ideológicas o se
aplican solamente en contra de mis enemigos y a favor
de mis amigos?
Corresponde una clarificación oficial que nos permita
enterarnos de si seguiremos siendo republicanamente
sanmartinianos o, al igual que las FARC, ya ascendimos
al Olimpo bolivariano. A las dos cosas juntas no las
podría pegar ni Vaccarezza.

martes 9 de octubre de 2007

Carta abierta a Ingrid Betancur

Carta a Ingrid Betancourt
>>
>>Martes, 27 de febrero de 2007
>>
>>Respetada señora: Lleva usted cinco años en poder de un grupo de
>>asesinos, en condiciones de cautiverio infrahumanas, en el peor de
>>los aislamientos del que pueda ser objeto un individuo mientras los
>>guerrilleros presos en las cárceles colombianas tienen todas las
>>garantías procesales, las visitas
>>que quieran y la libertad a la vuelta de la esquina: un jefe
>>guerrillero como Francisco Galán o como Yesid Arteta, salen más
>>rápido que un ladrón de gallinas a menos que sean extraditados a
>>los EE.UU., aun cuando a mucha gente le parezca que eso es
>>agacharle la cabeza al 'imperio'.
>>
>>Sabrá, sin embargo,
>>que hay policías y militares secuestrados por
>>esa misma guerrilla que tienen más de nueve años de secuestro (los
>>cabos del Ejército Libio Martínez y Pablo Emilio Moncayo); que uno
>>de los canjeables, el Mayor Julián Ernesto Guevara, murió -o lo
>>asesinaron- en cautiverio hace más de un año y aún su cadáver sigue
>>secuestrado; y que el ahora canciller Fernando Araújo fue rehén por
>>seis años hasta que se escapó el 31 de diciembre último, gracias a
>>un operativo militar de rescate como lo confirma su propia familia,
>>que fue informada de antemano, y no por un golpe de suerte como
>>dicen algunos malintencionados.
>>
>>Y el 'sin embargo' consiste en que, a pesar de todo; de que en este
>>país eran secuestradas más de 3 mil personas cada año hasta la
>>llegada de la seguridad democrática del actual gobierno, de que
>>centenares no regresaban con vida del
>>cautiverio a pesar de pagar
>>gruesas sumas de dinero por su
>>liberación y de que aún hoy debe haber medio millar de secuestrados
>>por razones económicas, hay quienes creen que usted es la única
>>secuestrada y que todos los demás colombianos deberíamos caminar al
>>cadalso con tal de salvar su vida.
>>
>>Muchos se preguntan por qué usted genera tanta solidaridad en
>>Francia y el resto de Europa y tan poca en Colombia. En Francia se
>>vendieron miles de ejemplares de su libro (La rabia en el corazón),
>>en el que usted se pinta como una niña rica que decidió arriesgar
>>hasta la vida para salvar un país
>>donde todos eran delincuentes menos usted; es decir, usted se
>>autoerigió como la reencarnación de Juana de Arco y allá se lo
>>creyeron. Aquí, en cambio, el país la ve como lo que es: una niña
>>rica y arrogante que se pasa por encima de todo
>>el mundo sin medir
>>las consecuencias de nada. No es sino
>>recordar el episodio de su secuestro: se le dijo, se le aconsejó,
>>se le insistió que no se metiera en territorio de la guerrilla,
>>arriesgando su vida y la de sus acompañantes, pero pudo más la
>>ambición de dar un golpe publicitario en plena campaña electoral.
>>En un retén militar le exigieron firmar un documento que la
>>responsabilizara por su vida en caso de seguir adelante y usted, ni
>>corta ni perezosa, lo firmó.
>>
>>No obstante, nadie puede negar que, acaso por lo arrogante, usted
>>ha sido frentera en la política y de posiciones verticales. Por eso
>>estoy seguro de que, en medio del cautiverio, no debe ver con
>>buenos ojos la idea de que la canjeen por delincuentes que están
>>presos: autores de homicidios, secuestros, masacres, actos
>>terroristas y demás. Creo, conociéndola un poco,
>>que se le caería
>>la cara de la vergüenza al saber que los canjeados a cambio suyo
>>volvieron a asesinar o a secuestrar.
>>
>>Es obvio que usted no va a juzgar a su familia, víctimas todos del
>>miedo y la desesperación, pero no creo que le cause mucha gracia
>>ver a su hija, la ingenua e inocente Melanie, haciendo que los
>>candidatos a la presidencia de Francia involucren el asunto de su
>>secuestro dentro de sus programas de gobierno. La candidata
>>socialista (y favorita), Ségolène Royal, dice que presionará al
>>gobierno de Colombia y la candidata comunista, Marie-George Buffet,
>>dice que las autoridades francesas deben impedir un rescate
>>militar.
>>
>>No creo que usted aprecie la idea de que otros intervengan en los
>>asuntos de Colombia en favor de un sólo secuestrado, aunque sea de
>>'buena' familia, olvidándose de los demás.
>>Recuerde que el bien
>>común prima.
>>
>>Pero, además, debe haberse dado cuenta muy bien de que para las
>>Farc usted es un diamante en bruto. Si la nueva presidenta de
>>Francia se pone a hacer demasiado ruido con lo suyo, doña Íngrid,
>>usted se va a quedar secuestrada otro largo rato. Las Farc gana
>>mucho reteniéndola y no gana nada
>>entregándola. En fin, son cinco años de una cadena de errores que
>>empezó con el suyo y que se ha enredado por la torpeza de sus
>>propios allegados. De todas maneras, a usted y a los demás
>>secuestrados los queremos vivos, libres y en paz.
>>_____________________________________________________
>>
>>P.S. fuentes de Inteligencia Militar afirman saber que el hijo que
>>le achacan a Clara Rojas no es de ella sino de Ingrid Betancourt.
>>Por otra parte, campesinos del Tolima han visto a Ingrid
>>
>>encuadrillada, usando camuflado y portando armas. Por qué esto no
>>sale a la luz pública?
>>
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sábado 15 de septiembre de 2007

La crisis del Polo

La crisis del Polo: ¿pelea entre neo-estalinistas?

Por Eduardo Mackenzie

Periodista

13 de septiembre de 2007

El fantasma de la división ronda al llamado Polo Democrático Alternativo. El que aparecía hasta hace una semana como el gran cacique de esa formación, Gustavo Petro, arrogante senador que sueña cada noche con derrocar al gobierno del presidente Alvaro Uribe mediante lunáticas acusaciones, fué arrinconado y puesto en minoría como un vulgar principiante durante una agitada reunión de la dirección de su propio partido el pasado 10 de septiembre.


La fracción más dura del PDA, integrada por miembros del semi clandestino Partido Comunista y de la secta maoísta Moir, creyó que era necesario cerrarle la boca al fogoso senador quien había osado, días atrás, rechazar una propuesta de Raúl Reyes, el “comandante” del “bloque sur” de las Farc.

Reyes había declarado que las Farc estaban dispuestas a apoyar toda tentativa de conformación de un utópico “gobierno del PDA”, y que, a pocas semanas de las elecciones regionales, la dirección de las Farc sentía una especial “predilección” por el PDA.

Consciente del riesgo que esas declaraciones hacían correr al Polo, Gustavo Petro respondió rudamente en el sentido de que él sentía “asco” ante esa iniciativa y que con tales propuestas lo que buscaban las Farc era “destruir” al PDA.

Esa viril postura, cuya sinceridad, además, nadie discute, no le gustó a los otros caciques del Polo. La “intensa discusión” que se desató enseguida en la cúspide constituye, según un diario bogotano[1], “la mayor crisis en seis años” de esa formación.

Lo curioso es que la caza de brujas abierta por los dirigentes del PDA contra el sector de Gustavo Petro ocurrió pocas horas después de que Raúl Reyes lanzara la orden de aislar a quien había osado refutarlo. En efecto, en una entrevista publicada por una revista mexicana[2], Reyes decretó: “Petro no es el Polo”. El jefe terrorista puso entonces a un lado al senador extremista y en el otro a “los revolucionarios de verdad” que están, según él, en el PDA, es decir “mucha gente progresista, patriótica, antiimperialista ... y también chavistas”.

A comienzos de julio pasado, tras la masacre de los once diputados del Valle rehenes de las Farc, Gustavo Petro había exigido a sus copartidarios condenar de manera más explicita a las Farc.

Ultra disciplinado, el sector más duro de la dirección obedeció la orden de Reyes y convocó a sólo 23 de los 31 miembros del comité ejecutivo para montarle una emboscada, como las saben montar los buenos leninistas, a Gustavo Petro y a su actual aliado Lucho Garzón, Alcalde mayor de Bogotá.

Y en lugar de buscar una salida razonable al abrazo de oso escalofriante que pretende darle la organizacion terrorista al PDA, los invitados decidieron ignorar el problema y debatir, más bien, durante siete horas, “cual debe ser la actitud del Polo en relación con el senador Gustavo Petro”.

Al día siguiente, Carlos Gaviria, otra eminencia del PDA, temiendo que esa crisis malogre sus ambiciones de candidato presidencial del Polo para las elecciones de 2010, que él piensan ganar fácilmente, ofreció su renuncia a la presidencia del PDA, luego de decir que las frases de Petro contra las Farc “le hacen daño” al Polo y lo “ponen en peligro”. En cuanto a Jorge Robledo, el gran timonel del Moir, acusó a Petro de haberse convertido en una “rueda suelta” que trata de imponer sus “posiciones personales”. Otros gritaron que Petro estaba construyendo su propio espacio político y habia incurrido en “uribismo”.

Sólo seis de los asistentes respaldaron a Petro.

Uno de ellos, Lucho Garzón, quien estaba distanciado del senador, corrió a defenderlo. 'Con Petro sin dilación ni lugar”, dijo. “Lo que las Farc en los últimos meses le están mandando al Polo Democrático no son petardos, le ha mandado cilindros de gas. Y uno, a esos cilindros de gas no les responde ni con rancheras ni con boleros', concluyó.

Jaime Dussán, otro senador del PDA, fué más lejos que los otros al decir que Gustavo Petro le había “declarado la guerra a las Farc”, cosa muy chocante, según él, pues, agregó, “las Farc no son nuestros enemigos”. Para curarse en salud, y evitar un nuevo escándalo, Dussán agregó que las Farc “tampoco son nuestros amigos”, pues el PDA “condena toda forma de violencia”.

Si el PDA condenara en realidad “toda forma de violencia” la propuesta de Raul Reyes habría sido inmediatamente rechazada, y por unanimidad, por la citada dirección, posición que esa coalición está muy lejos de alcanzar, como queda visto a la luz de la terrible disputa en curso.

Jaime Dussán desnuda su pensamiento totalitario cuando saca el viejo refrán de que el llamado “conflicto” colombiano no puede ser resuelto sino a través de una “salida política con la subversión”. Es decir, de una capitulación del Estado democrático frente a los violentos. Ese tema de la “salida política” divide desde hace décadas las aguas entre quienes buscan en Colombia una perspectiva independiente y los que no ven otro horizonte que el de seguir, discretamente o no, bajo la coyunda de las Farc.

Para defenderse, Gustavo Petro utilizó un lenguaje que no se le conocía hasta ahora y que sorprendió a muchos. Sostuvo que el Polo no es un partido jerarquizado, sino “una red en la que se puede opinar libremente” y que esos partidos jerarquizados “llevaron la Unión Soviética al Gulag y en Camboya a Pol Poht'. El parlamentario acusó a las Farc de ser “estalinistas” y recordó que “ésta no es una discusión entre compañeros, sino entre unos alzados en armas, como las Farc, y un civil, como yo, que opina desde la izquierda democrática'[3].

Todo eso ocurre en momentos en que el PDA trata de posicionarse, en efecto, ante la sociedad colombiana, como un movimiento de “izquierda democrática” es decir como un grupo de oposición que no está dispuesto a acudir a la violencia para alcanzar sus objetivos.

Sin embargo, el PDA está lejos de aceptar qué es un partido de izquierda democrática. El Polo es una coalición disparatada donde convergen los restos del Partido Comunista pro Moscú, reducido a la porción congrua tras el hundimiento de la URSS, así como la desmovilizada guerrilla del M-19 y otros grupos de extrema izquierda que jamás han cuestionado los dogmas marxistas.

La acción que desempeña el PDA y el senador Gustavo Petro coincide con esa visión antidiluviana, y encaja, de hecho, con los esfuerzos de las Farc por desestabilizar al gobierno. Petro acusa frenéticamente al jefe de Estado colombiano de haber “tolerado” el surgimiento de los paramilitares de extrema derecha desde cuando era gobernador de Antioquia, acusación que Petro jamás pudo probar. El se opuso siempre al Plan Colombia contra el tráfico de drogas y el terrorismo, y batalla contra la ley de Justicia y paz que permitió la desmovilización de más de 30 mil paramilitares y el encarcelamiento de sus jefes. Petro se muestra como la perfecta comparsa del presidente Hugo Chavez y hasta llegó a estar de su lado cuando éste, en enero de 2005, protestó contra Alvaro Uribe por la captura de Rodrigo Granda, un jefe de las Farc que se ocultaba en Venezuela.

El minoritario Polo Democrático Alternativo dice tener 552 mil adherentes y se ve, sin embargo, como “opción de poder” desde su congreso “de unificación” de diciembre de 2006, donde cinco grupos y cinco tendencias más o menos rivales se disputaron los votos de los 2 700 delegados. En ese congreso proclamaron su “deslinde con la lucha armada” lo que quiere decir que ellos no la harán. No obstante, el PDA se abstiene de condenar la lucha armada que hacen los otros, sobre todo el terrorismo de las Farc y las otras violencias de las bandas de extrema izquierda.

La puntual intervención de Raúl Reyes y la violenta reacción de los duros del PDA, tenía por objetivo recordarle al país, así como a la fracción que dirige Gustavo Petro, que las Farc no tolerarán una izquierda que aspire a la menor independencia, y que el heterogéneo PDA debe doblegarse ante los designios hegemónicos de las Farc, pues éstas son el único modelo que puede existir para la izquierda revolucionaria del país.

Esto demuestra que, lamentablemente, el proyecto de construir una verdadera izquierda democrática en Colombia, que no acepte la tutela ideológica-política de bandas terroristas, no contará jamás con el beneplácito, ni con la indiferencia de las Farc sino que, por el contrario, tendrá que hacerse contra la voluntad de ésta.

Nadie ignora que esta crisis del Polo estalla poco después de que el presidente Chavez lograra inmiscuírse en el asunto de la liberación eventual de los rehenes en poder de las Farc. El dictador venezolano pretende, por otra parte, entablar un diálogo personal con Manuel Marulanda, jefe de las Farc, para buscarle, como dicen los cuadros del Polo, una “salida política” al “conflicto” colombiano. El paso dado por la fracción neoestalinista para tomar las riendas del PDA es coherente con las maniobras extrañas que Caracas está desarrollando para proyectar sus ambiciones militares sobre Colombia.

El problema es que con el brutal manotón de los Dussán, Gaviria y Robledo, el juguete del PDA puede habérseles quebrado entre las manos.


Eduardo Mackenzie

Periodista

martes 21 de agosto de 2007

Nuestros policias y soldados

LA FUERZA PÚBLICA

Frutos de mi tierra

Saúl Hernández. Columnista de EL TIEMPO.

No somos daneses ni hablamos de la Policía sueca o el Ejército suizo.


A los hijos del pueblo, sin mayor instrucción que saber sumar y restar, les ponemos armas, uniformes e insignias, y les damos responsabilidades mayores que las de un magistrado para después pasarles por encima como si fueran cualquier cosa. Cuando un policía sale de su casa, sabe que es el colombiano que con mayor razón puede desconfiar de su regreso: nadie sabe si vuelva. No tiene el salario de un alto funcionario, ni puede darse el lujo de que lo escolten en caso de amenazas, que no es nada raro. Por el contrario, él es quien escolta, él es la última línea de defensa de personajes ilustres y de ciudadanos del común.

El policía sabe que debe enfrentarse a lo peor de la sociedad, a los más temibles delincuentes y a los más detestables vagabundos. A ellos los ponemos al frente tanto si se trata de capturar al capo de las drogas -que les promete plomo o plata, ¿usted qué elegiría?- o de retirar de un barrio triple seis a un indigente bañado en sus propios orines. Y como no son de palo, se cansan, flaquean. Se cansa el yuppie de ganar millonadas en la bolsa. Se cansa el deportista de cosechar éxitos. Se cansa el galán de telenovela de sus compañeras siliconudas.

Detiene el policía a un taxista ebrio que tampoco es pera en dulce. Y, cansado de lidiar quién sabe con cuántos gamines, jíbaros, carteristas, sicarios, traquetos, estafadores, violadores, secuestradores y demás, se toma muy a pecho sus funciones y le pega una muenda al ciudadano, entre varios, en franca superioridad... Un acto repudiable, sin duda. Pero a partir de ahí nada se pondera, solo se critica el salvajismo de los uniformados y se reclaman sanciones.

Lo mismo pasa con las Fuerzas Militares, infiltradas por el narcotráfico y la guerrilla, nada nuevo. Pablo Escobar dejaba las sábanas calientes y a los cabecillas de las Farc los encuentra cualquier periodista sin mucho agite, pero no la ley. Cuando los unos van, los otros ya han regresado por obra y gracia del cohecho y la dádiva.

Sean policías o militares, los escándalos están a la orden del día: incautaciones de droga regresan a manos de sus dueños por arte de birlibirloque y muchos uniformados se hacen horitas extras en robos, extorsiones o secuestros con la misma tranquilidad del que pide la liguita para no imponer una multa de tránsito.

Pero, además de la muerte, a policías y soldados los acosan la cárcel, las incapacidades, el despido. Pueden pecar por defecto o por exceso y arruinar sus vidas y las de otros aun sin tener culpa. En la comodidad de nuestros hogares tildamos de cobardes a quienes huyen de una muerte segura cuando el enemigo los supera en fuerza, y de bellacos a los que no queriendo verse sorprendidos disparan sin cálculo contra civiles inermes, como los seis niños muertos en Pueblo Rico (Antioquia) en agosto del 2000.

Claro que justificar estas conductas o eximir de sus responsabilidades a los miembros de la Fuerza Pública es imposible. Pero extrañarse de tantos escándalos en un cuerpo de 380 mil efectivos equivale a desconocer la idiosincrasia colombiana y el origen de la mayoría de los integrantes de nuestras fuerzas. Es que no somos daneses ni estamos hablando de la Policía sueca o el Ejército suizo; no provienen de familias cultas -si acaso las hay en Colombia- ni han sido formados en colegios trilingües...

¿Con qué derecho hacemos juicios morales sobre la conducta de estos servidores públicos sin analizar las causas? ¿Acaso a la sociedad colombiana le importa un ápice que ellos sean carne de cañón de nuestras violencias, gente prescindible? ¿Podemos exigirles cualquier sacrificio en nuestro nombre?

Lo cierto es que la seguridad en general, la 'democrática', la ciudadana, incluso la jurídica, requiere el componente de fuerza, y eso se constituye con lo que da la tierrita, ni más ni menos. Pero todo, absolutamente todo, se puede ir al traste si no hallamos el modo de mejorar la cosecha.

Tomado de El Tiempo